Sábado de abril, 1986.
Se volvería tóxico el aire;
brillaría en el cielo un rayo,
espada del juicio en tierra.
Truenos del apocalipsis,
cuerpos transformados en gloria o vergüenza.
Domingo de abril, 1986:
escapan como pueden, cual presas.
Y tras abril, solo quedará silencio eterno,
y un gigante blanco con pies;
en el ojo estará siempre presente
buscando no repetir su condena.