LOURDES TARRATS

SOMBRA QUE SE SIENTA A MIRAR

 

No golpea la puerta.
Entra como el frío:
invisible, pero exacta.

Se sienta donde el día no llega,
y con sus dedos húmedos
palpa la porcelana rota del alma.

No tiene rostro,
pero deja su aliento en los espejos.

A veces, toma forma de suspiro
que se estira sin rumbo
en la costura del silencio.

Otras veces,
es el peso tibio sobre el pecho
que no ahoga,
pero tampoco deja cantar.

Se arrastra bajo la piel
como un río sin cauce,
y convierte la voz
en una cuerda mojada
que nadie pulsa.

No siempre llora.
A veces solo espera
que te detengas.

Y entonces se sienta contigo
en la silla más sola de la casa,
como una visita prehistórica
que conoce tus vacíos de memoria.

Viene cuando algo se ha ido,
y no sabes qué.
Cuando nombras, y las palabras
te devuelven la espalda.
Cuando el mundo sigue,
pero tú no.

Y sin embargo,
no es enemiga.
Es la sombra que revela la forma,
el manto que cubre
para que algo dentro brote.

Porque hay raíces
que solo despiertan
bajo tierra.

Y hay una belleza callada
en dejarse llover por dentro,
cuando ya no queda
otra forma de florecer.

Tristeza.


No duele siempre.

Solo a veces pide ser mirada.


L.T.