\"Peregrino de mí\"
«Siempre volvemos a nosotros mismos.»
RC
Hay lugares donde uno llega sin saberlo,
sin premeditarlo,
ni siquiera desearlo.
¿Acaso sabemos cuándo reír,
o en qué momento llorar?
Uno solo conoce los destinos cuando llega
—y, sin saberlo, a diario los recorre—.
¿No reconocemos los lugares
donde, inadvertidos, nos detuvimos
a ensayar el futuro?
Esperábamos el autobús
en este mismo paradero,
al que ahora, asiduos, acudimos.
¿No urdimos el futuro
en la misma banqueta
donde hoy repasamos el pasado?
El tiempo es espacio:
la distancia que separa
lo sabido de lo que no;
el yo, silencioso y pretérito,
viéndose a sí mismo frente al espejo;
el despojo de uno mismo:
en el canto de los pájaros,
en el pasar de las hojas de un libro,
en la lluvia intermitente,
en la oblicua llegada de la tarde,
la mariposa que sucede a la crisálida,
la apertura discreta de la flor.
Ese horario cotidiano del andar.
La mirada vuelta atrás
de la mujer de Lot;
Ulises, sin Ítaca ni Penélope,
sumido en la desventura de un recuerdo;
mi mano izquierda increpando a la derecha,
y viceversa;
el deshojar de los días juveniles;
y este temor de un futuro pasado.
Levógiro cotidiano del desandar.
Cuánto tiempo desconocí
el camino que lleva a mí —
al mismo lugar.
Ricardo Castillo
De: La hora crepuscular (2025)