Triste Libertad
A veces pienso: ¿seré o no?
¿Seré estas ganas?
¿Seré este cuerpo?
¿Seré esta vida?
¿Seré yo?
¿Serás tú?
¿Qué será lo que seré?
Si no soy yo, ¿quién soy?
Creo que vivo, creo que amo,
creo que sueño, pero… ¿y si no soy realmente esto?
Me enamoré de la silueta que dibuja mi cuerpo.
Me enamoré de los halagos constantes de personas que no conozco.
Me enamoré de los placeres que encienden mi parte física.
Me enamoré de un personaje aparentemente perfecto,
de un espectro basado en egocentrismo sin límites,
que solo quiere vivir mi vida para darse gustos sin medida,
con un egoísmo frío y descarado.
A la divinidad, merecidas terribles gracias:
al menos puedo atestiguar mi estado zombi.
Visceral.
Observo; a veces juzgo, a veces no.
Sin energía vital en combustión benigna,
nada podré hacer más que atestiguar
una orgía de fieras llegadas de los confines del universo,
despedazar la simiente bendita
de mi chispa divina.
Si no es en esta vida, ¿cuándo?