Detesto escribir en tu recuerdo
de la forma más pura, un lamento;
pensar todo lo que fuiste,
todo lo que destruiste.
Gran amiga,
me diste la espalda;
fiel amiga,
tomaste una espada;
dulce recuerdo,
la clavaste en mi;
cruel memoria,
me dejaste morir.
No hubo arrepentimiento,
no hubo perdón;
tampoco me miraste
y esperé,
con brazos abiertos,
ojos y oídos ingenuos
en memorias llenas de amor.
Gran amiga, fallaste,
qué frágil amistad juraste;
tu odio y avaricia pudieron más,
te llevaron muy allá,
lejos,
donde nunca volverás.