Jesús Ángel.

La puerta.

 


Más allá de la soledad,
del apego y del yo,
se revela otra forma
de compañía universal.

Sin necesidad de verlo,
solo sentirlo, solo estar;
el silencio es un río
que siempre desemboca en el mar.

Ahí, cuando el pensamiento
se disuelve
y el flujo se libera
de los propios entresijos
y telarañas mentales,

has cruzado la puerta
sin saber cuántas más
se insinúan por alcanzar y cruzar.

Una escalinata que tuvo inicio
y que, generación tras generación,
no conoce final.

El umbral hacia una conciencia compartida,
donde cada instante
resplandece como espejo y despertar.

Solo cuando se sabe estar,
río, flujo y mar...

ahí, donde las costuras del alma
se disuelven en un todo universal.