El verdugo me mira desde lejos,
omnipotente.
Se burla.
Escucho su risa chillona y breve.
Él sabe todo aquello que ignoro:
mi fortuna,
mis deseos,
mi destino.
Me contempla, como quien mira un espectáculo.
¿Por qué mirar con tanta atención una obra que sabes cómo termina?
Solo él lo sabe.
Y queda en mí, adivinar lo que está pensando.
Tal vez disfruta de mi sufrimiento.
O quizás, aguarda a que me arme de valor
y cambie el rumbo al que voy.
A que decida mi vida.
Que de antemano, ya estaba decidida.
Yo también lo contemplo y espero que haga algo.
Que me demuestre que también tiene corazón.