Ann Adler

Observador

El verdugo me mira desde lejos,

omnipotente.

Se burla.

Escucho su risa chillona y breve.

Él sabe todo aquello que ignoro:

mi fortuna,

mis deseos,

mi destino.

Me contempla, como quien mira un espectáculo.

¿Por qué mirar con tanta atención una obra que sabes cómo termina?

Solo él lo sabe.

Y queda en mí, adivinar lo que está pensando.

Tal vez disfruta de mi sufrimiento.

O quizás, aguarda a que me arme de valor

y cambie el rumbo al que voy.

A que decida mi vida.

Que de antemano, ya estaba decidida.

Yo también lo contemplo y espero que haga algo.

Que me demuestre que también tiene corazón.