marco romero

Metamorfosis del Aire

Me declaro adicta a tu aliento, sin disculpa, sin sombra de arrepentimiento, como el árbol es adicto a la tierra y el mar a la luna.

 

Si me desvivo por ti, no es por falta de vida propia, sino porque he descubierto que la vida, para ser verdadera, necesita de un altar donde ser consumida. Y mi altar, desde siempre, ha tenido tu forma.

 

Vengo del lugar donde el tiempo se detiene a mirarme, pero mi sangre es un río que solo a ti te pertenece.

 

Caminar contigo amor, es como ir por un sendero polvoriento al que de pronto le crecen flores.

 

Dime cuándo, que yo ya he comenzado a caminar hacia ti...

 

Mi sangre vibra, milagrosa, suspendida en la atmósfera que te envuelve.

 

Morir en tu boca, amor mío, es el único modo de burlar a la muerte y acceder, por un instante, a lo inmortal.

 

Tu aliento y mi latido son una misma cadencia trágica: me otorgas la vida al respirar y me la arrebatas al besarme. 

 

Cariño, hundirme en tu boca no es un beso, es un truco de magia, una estafa al sepulturero.

 

Mi sangre es un cetro de milagros, vibrando como un insecto atrapado en el ámbar de la atmósfera que te inventas.

 

Soy una mujer de cristal suspendida en tu aire.

 

Me das el aire como quien presta un pulmón artificial, y luego, con la precisión de un cirujano que ama, me arrebatas el alma.

 

m.c.d.r