No es amor el que cambia con los vientos,
ni el que cede ante el tiempo y su amenaza;
es un fuego que habita en los cimientos
y soporta el asedio en nuestra casa.
Si el mundo nos exige algún tributo,
si el destino nos lanza su veneno,
yo prefiero este pacto, este absoluto,
y morir en tu luz, que en cielo ajeno.
Que nos juzgue la suerte o la caída,
que nos duela el camino y su aspereza;
yo pondré mi existencia por tu vida.
Pues no existe en la tierra más nobleza
que este amor que se impone ante la herida
y hace de nuestro aguantar, su mayor destreza.