Al anochecer me habré ido sin saberlo,
sin anticiparlo me habré ido.
Dejaré de ser la carne en la tierra,
el alma en el viento,
el pensamiento de una vida distante,
la última lágrima de una pena
que aún no se sabe,
el último grito en el silencio.
El ultimo palpitar
de un corazón destrozado, accidentado;
la última esperanza antes del amanecer.
Esta es la crónica de una muerte inesperada,
un camino que por última vez recorreré.
La última visita del amor,
del temor de no encontrar salida en esta oscuridad;
la última luz que vi,
el último golpe en la coraza que me protegía.
El tiempo se detenía, y mi corazón dejaba de latir.
No hubo tanta desesperación
como aquella noche
donde me perdía,
donde no sabía de mí,
donde por poco
esta vida ya no estaría aquí.
Temí perderlos a todos,
temí perderme a mí,
pero sobre todo temí perderte a ti.
El pensamiento de ti
me sacó de ahí,
de ese abismo que me había llevado,
del oscuro ataúd
que ya tenía apartado.
Una nueva vida había resultado
y de la muerte anunciada
yo me había escapado.