Aprendí a quedarme en la grieta, en la palabra incompleta, en el gesto que no salva pero acompaña.
Quedarme no fue detenerme: fue echar raíces en el instante, habitar el miedo sin pedirle permiso al pasado.
Ahora me quedo no porque todo esté claro, sino porque aún aquí, en medio de lo incierto, la vida insiste y yo le hago espacio.
Ahora me quedo como se queda la noche cuando ya no promete amanecer, sosteniendo el temblor sin huir de él, entendiendo -por fin- que quedarse también es una forma de avanzar.
------------
Rafael Blanco López
Derechos reservados