¿Qué mal he hecho?
¿Hay pecado que con castigo deba de pagar?
¿Por qué la vida nos empuja hacia la muerte a cada minuto?
Ni los más injustos pagan una pizca del dolor que causan.
En cambio a yo,
he sido condenado.
Por cada pequeño detalle malintencionado con el que he actuado, se me ha puesto el triple de los cargos.
¡Me arrepiento!
\"¡Tú ganas!\", grito a sea quien sea mi verdugo.
El que me ha maldecido.
Me arrodillo ante él, esperando que el malestar desaparezca.
Pero no lo hace.
Sabe bien, que no hay mayor martirio que el ser ignorado.
Ahora en el piso del cuarto, dolorido y aislado, espero que al menos el tiempo tenga piedad de mí.