Cómo el mar, específicamente el Atlántico,
dejas sentir tus inmensas y frías aguas tocar mi ser.
El tacto congela, paraliza, pero a la vez refresca y tranquiliza, un corazón cálido y sediento de ser.
Y con la luz de sol, ese frío se apacigua, y se siente como un respiro atrás de la nuca, pues enchina toda mi piel.
Apapachador, me demuestras que su inmensidad de amar, puede llegar hasta cualquier lugar, que existe un sinfín de diversidad de querer, y cariño por haber.
Y que a pesar de los grandes icergers de temor y dudas que cargas contigo, quiero aventurarme a zapar mi barco en ese viaje idilio.