Estar aquí sin saber para qué estar,
buscando un rumbo que no se presenta,
todo lo intentas queriendo encontrar,
y el gusto a la vida se vuelve agua lenta.
Sigues señales que otros suelen dar,
creyendo que ahí tu razón se sustenta,
pero descubres al fin, al mirar,
que ese camino tu ser no representa.
Deseas luz, claridad al pensar,
y hallas una herida que no cicatriza,
una vena abierta que al sangrar
te muestra verdades que el alma agoniza.
Mientras más buscas querer alcanzar,
más honda la duda se deja encontrar,
preguntas por un final al caminar,
y entiendes que el final no sabe llegar.
No sabes si eres recuerdo al pasar,
o un pensamiento que alguien improvisa,
si fuiste algo que logró existir
o sombra del tiempo que aún cicatriza.
Y aun así insistes, no dejas de andar,
preguntas por qué, hacia dónde irás,
qué quieres ser, qué debes soltar,
qué voz es la tuya entre tantas más.
Mil vientos soplan queriéndote arrastrar,
ninguno es tan fuerte para obligar,
sigues a uno creyendo avanzar,
y al poco tiempo no es tu lugar.
Decides borrar lo poco logrado,
ese espacio mínimo que pudiste habitar,
y caes de nuevo en lo ilimitado,
en lo que temías siquiera rozar.