Los buenos corazones no rogamos,
no suplicamos;
nos quedamos en silencio,
aunque duela.
Los buenos corazones damos amor
aunque no lo recibamos,
y aunque el corazón tiemble,
nunca dejamos de creer.
Solo desaparecemos
con el mismo amor
con el que llegamos.
Porque quien siente de verdad
ama intensamente
y grita,
aunque no haya voz.