Quise escribir una poesía
pero me olvidé de las líneas
y por más que intenté, las letras no fluían
La mente en blanco, sin vocablos poéticos,
sin una fugaz melancolía
Tomé la pluma pero fallé nuevamente,
no había inspiración, no había elocuencia,
todo estaba relegado a mi impaciencia
y en un giro inesperado tiré el borrador
Todo estaba nublado a mi alrededor,
se agotó mi última pizca de paciencia
Agotado por el esfuerzo, me rendí,
y empecé a buscar la causa de mi desazón:
claro, es que a todo se le pone corazón,
y el mio estaba ocupado por el frenesí
de tu ausencia y la dejadez de tu emoción
Clavé los dedos en el teclado, ahora si,
y aparecieron unos garabatos ilegibles,
no era yo, era la imprecación virulenta,
haciéndome escribir versos ininteligibles
Entonces, recién, me vine a dar cuenta,
que mi inspiración eres tú.