Porque de excusas se hace
el verso, por eso escribo.
Porque derribo mi nombre
y lo dejo a un costado.
Por eso río en versos
y callo en el ruido.
Por eso digo,
porque hallo la forma
inapelable de llegar hacia vos.
Por eso canto, murmuro y escribo.
Porque derribo mi nombre
y lo dejo a un lado
y escribo el tuyo,
sin nombrarlo.
Por lo tanto sigo y digo;
porque sagrada es la vocación
de torturarme tanto
en besar el espanto;
que quien sabe cuanto
percibe en la noche vigía.
Porque camino a sabiendas
de temores antaños,
con daños interiores
que auxilia el socorro divino.
Por eso escribo.
Porque te amo mucho
y tanto es la ruina que
en mi corazón profano.
Porque evito, levito,
excito a la idea,
a la soledad y la
humanidad de estas
pobres manos que crean letras.
Por eso escribo.
Porque de nubes
hago el vacío del verso,
que suave y tenso
atraviesa el poema
iluminando el despertar,
de próspera mañana verde.
Porque se deleita majestuosa
mi imaginación miope.
Por tanto escribo,
porque olvido mi nombre
y en las ruinas lo dejo.
Por eso sigo,
también vivo,
pienso y luego escribo.
Jaher