Cinco serpientes habitan las palmas de tus manos,
remuerden con furor mis entrañas,
intranquilizan mis esperanzas y anhelos.
Tus ojos de hiena, al acecho,
apresan el tiempo y el espacio;
sin lubricar el deseo,
me adentras al infierno nocturno,
donde la luna llameante incendia mi piel.
La noche desata su frío y susurros de fuego,
y me quemo
como si desnuda deambulara
por todas las llamas del universo.
Un león descarniza mi boca,
apresa mi lengua de belicoso anhelo
en batallas de espumosos besos nos enardecemos.
Mientras un jaguar estremece mi espalda,
y se adentra en mis oscuras selvas.
Soy presa fácil de tu águila en extendido vuelo,
y cada rugido, cada aleteo,
me eleva y me arrastra hacia tus fauces
perennes de apetito y perversión.
Estrellas caen sobre mi cuerpo,
constelaciones de deseo se incrustan en mi piel,
y el cosmos se curva
para mirar cómo nos devoramos,
instinto y carne, luna y fuego,
El amanecer nos encuentre exhaustos,
vibrando en el filo de un te quiero.