Es un viaje de aquel solitario
donde la soledad no es martirio
donde la elección es su delirio
y el requerir es innecesario.
Es la senda de aquel imaginario
que a realidades lo convirtiera
sin dubitar nunca que se pudiera
y del romance fuera un visionario.
Es el camino del que se entera
de que el esfuerzo fue insuficiente
y el que no elige no da espera.
No es el final de aquel que razona
porque admite que se equivoca
y no se cansa ni ve la derrota.