Fernando Di Filippo Guerra

El mundo es demasiado grande para preocuparse por uno.

El acto ocurre ahora y ocurrió siempre. Un hombre —que podría ser yo, que podría ser nadie— escribe una palabra y al hacerlo la borra. El tiempo, ese hábito, corrige el renglón. La memoria, ese otro hábito, lo falsifica.

 

El mundo no es vasto: es reiterado. Hay patios que regresan, espejos que aprenden, bibliotecas que sueñan con lectores. Todo final es una cita mal recordada. Todo origen, una conjetura.

 

Alguien, en algún punto del laberinto, cree avanzar. Otro —el mismo— ya ha llegado.

 

El mundo es demasiado vasto para advertir a un individuo. La preocupación —si existe— es una ficción menor, un error de escala. El hombre imagina que el universo lo roza; el universo, más distraído, continúa.

 

El mundo es grande. Uno, prescindible.