En cada párrafo que leo tú estás.
En las cuerdas de la orquesta resuena tu voz.
En el cine el aire ocupa el asiento que le prestas.
Y mis libretas solo hablan de los dos.
Pero no estás, y no dejo de pensarte.
Ya nada de esto me pertenece:
ni los libros, ni la música, ni mis pensamientos,
ni este corazón necio, te los doy.
Pídeme que pare, y me detendré.
Pídeme que siga, y te seguiré.
Una sola palabra tuya bastará para calmar estas ansias:
ansias de ti,
ansias del corazón,
corazón de ti.