Así como la noche sangra, dentro de un recuerdo
como el día tiembla, cuando le llega el invierno.
Dentro de los suspiros del aire,
dentro de esa luz inflamable.
Las mujeres se parecen al olvido, así son de silenciosas,
en ese poema medio esquivo, pero así mismo gloriosas.
Así es el olvido, cruel, taciturno y agobiante
así son ellas, tercas, bellas y delirantes.
Como el acero recién fundido
ellas viven en lo que escribo.
El olvido tiene sus ojos,
y esa boca exquisita,
aquella que exime antojos
de demonios y jesuitas.
Pero en fin , así son ellas
tampoco se pretende cambiarlas,
pues en su figura de estrella
¡Quien pueda opacarla!
Las mujeres se parecen al olvido
por lo pausado en llegar,
por ese verbo florido
que inspiran al marchar.
Por ser esos ángeles sin suerte
que viven dando gracia,
pero se vuelven inclementes
desbordando su ataraxia.
Pero en fin, siempre las amaremos
son nuestro fiel delirio,
estarán en donde estemos
y se quemarán contigo.