Peregrino en senderos desiertos, aspirando el polvo de los tiempos idos , marcho con los hombros cargados y el alma herida. De nada vale la queja ni el lamento: lo vivido es el alimento de lo que me resta. Soy peregrino, mas no errante; busco un templo para mi credo donde pernoctar a sus puertas bajo el palio de las estrellas. Busco sentir el frescor de la noche y ese beso sobervio que sorprende los sentidos cuando el sueño sigiloso, ya ha hurtado la conciencia. Soy el caminante que avanza; a veces en silencio, otras en rezo o entre cantos siempre tras la esperanza de hallar a otros peregrinos con quienes abrazar un mismo destino.