Contigo fue la única vez en mi vida
que no dudé de lo que sentía.
Y ahí comenzó mi condena.
Porque cuando uno ama sin dudar,
no deja nada a salvo.
Yo no guardé una salida,
no escondí un pedazo de mí
para el día en que doliera.
Te entregué la calma que nunca tuve,
la fe que no me enseñaron,
y un corazón que no sabía sobrevivir
a la ausencia.
Hoy no me duele que no estés,
me duele haber sido tan cierto.
Me duele recordar que fui hogar,
que fui abrigo,
y que aun así no fue suficiente.
Desde entonces amo con miedo,
respiro a medias,
y desconfío de todo lo que se parece a ti.
Porque perderte no fue perder un amor,
fue perder la única verdad
que no me pedía dudas
para existir.
MICHELLE RUIZ TOMASINI.