Bajo el manto infinito donde la luz se derrama,
las estrellas son testigos de este fuego que nos llama.
No somos solo un instante, ni una sombra que se va,
somos el paso del tiempo, historia jamás borrada.
En el mapa de los siglos, mi promesa está sellada,
te buscaría por siempre, con el alma enamorada;
porque este lazo no muere, se renueva en la alborada,
unidos en esta y mil vidas, con la misma fe sagrada.
No hay viento que nos mueva, ni marea que nos venza,
pues es nuestro amor escrito en piedra y en la esencia;
viajamos juntos, unidos, perdiendo la referencia,
en el sin fin del universo y su vasta magnificencia.
Si el mundo se vuelve frío o la noche nos asombra,
mi corazón busca el tuyo y en tu pecho se renombra;
no importa dónde estemos, ni el camino ni la alfombra,
son nuestras almas el hogar del otro, y la luz que nos nombra.