Axel Juárez Carachure

Autopsia de un nosotros.

Te maté aquella tarde
lluviosa de verano;
maté todo aquello
que tenía que ver contigo
y con tu rostro.

Maté las noches de insomnio
que no dormí
por no tenerte aquí.

Con una navaja filosa
corté toda aquella conexión
que tenía contigo;
con el fino silencio
de tus palabras
cortaste mis sentimientos.

Recuerdo aquellas gotas
que caían por mi rostro,
no sé si era la lluvia
o las lágrimas
que de mí salían
por verte muerta
frente a mí.

Nunca pensé
que tendría que dejarte aquí,
enterrada bajo tantos sueños
y anhelos por cumplir,
tantos planes
y promesas
que nunca se harán.

Ay, amor,
qué difícil es esta situación.

No puedo seguir viendo
tu cuerpo frente a mí,
tan frío,
tan inmóvil
y tan pinche muerto
como lo está mi alma
ahora que ya no estarás aquí.

Mi vida
ya no será vida sin ti.

El corazón
que un día te prometí
lo dejé reposando
a tu lado;
ya no bombea nada en mí.

Por mis venas
corre un líquido espeso,
un veneno
que invade mi cuerpo
y fue el mismo causante
del súbito final
que acabó con tu vida.

Discúlpame, mi vida,
por terminar esto
de la peor manera;
nunca fue mi intención
hacerte daño.

Pero la decisión
estaba tomada,
estaba sellada
y, para terminar
con esta bella historia,
tuve que enterrarme,
tuve que matarme,

porque para acabar contigo
debía hacerlo de raíz,
y la raíz de todo
venía de mí;

porque al morir por ti,
por fin
ya no quedaría
nada tuyo
en mí.