Querido amigo Snoopy,
tú, eres una enorme verdad.
¡Cuantas batallas hemos perdido!
y cuantas nos quedarán...
Pero, en tu mirada hay algo
a donde yo, no puedo llegar.
Mis derrotas me hacen viejo;
revanchas que no volverán...
También te persigue el tiempo.
Noble, fiel, pero, ¡Cuánta bondad!
Querido amigo Snoopy
yo, no me reconozco ya.
Si tus ojos, de Dios son palabra,
yo perdí mi caridad.
¡Préstame tus agallas!
Y aunque yo no pueda ladrar...
Enséñame a morder con el alma,
sin perder la claridad.
Querido amigo Snoopy.
Tú, eres un ángel con patas,
y yo, un trozo de oquedad.
¡Cuantas derrotas llevamos!
sin poderlas disimular.
Querido amigo Snoopy,
si yo pudiera contar sin palabras
todo lo que llevo en mi caminar...
Si pudiera como tú,
solo respirar y ladrar...
Por ti yo moriría, amigo,
y si eso fuese humildad...
Si mi muerte sirviera de algo,
aunque fuese para descansar...
Tú, querido grandullón, tienes algo
que yo no puedo alcanzar,
heridas en tu hocico reflejadas
y maldiciones que callar.
Pero yo, ¡yo no tengo nada!
Mis heridas no se ven pero,
tampoco se pueden ocultar...
¡Cuantas derrotas llevamos!
Querido amigo Snoopy,
y cuantas nos quedarán...