¿A quién esperas, a quién
atalayando la calle?
Oh, madre, ¿que a quién espero?
Verdad que no espero a nadie.
Entonces ¿por qué inpaciente,
como quien espera a alguien,
clavas la ansiosa mirada
en el fondo de la calle?
Costumbre, madre, costumbre,
pero yo no espero a nadie.
Hijo. ¿costumbre, costumbre?
Dime quién es ese alguien
que te clavado en la esquina
con una ansiedad tan grande.
Qué pena, madre, que pena
que en la vida haya contrastes.
Qué pena esperar sabiendo
que a veces se espera en balde.
Dime, hijo, ¿quién a tus ojos
es la reina de la calle?
¡No, madre, si yo no espero…
Verdad que no espero a nadie!