Mi alma se parece a las ramas
vetustas
del otoño en derrumbe.
Silva el viento en ella
con su voz de pájaro,
bajo la extendida ojera del cielo.
Miro entonces hacia arriba y digo:
<<Lluvia buena,
moja mi alma en esta tarde,
cae en ella,
resbala y humedece
el rostro seco de sus grietas>>.