Bruno Gatica 1

Códex de Fuego y Ceniza

Te amo, y mientras pronuncio tu nombre, el mundo se curva, se inclina, se quiebra bajo el peso de lo que sentimos, te amo con manos que tiemblan, con piel que arde, con un corazón que sangra en secreto, la desgracia nos sigue, lenta, paciente, eterna, y aun así nos entregamos, porque amar es caminar sobre brasas que consumen y construyen, que hieren y elevan, que matan y reviven

 

Cada roce tuyo, cada suspiro, cada latido se convierte en un conjuro que me ata a ti y me libera al mismo tiempo, cada beso es un círculo cerrado, cada lágrima un glifo que solo nosotros podemos leer, la noche nos envuelve, nos devora, nos exalta, y entre sus sombras baila nuestra memoria, nuestra pasión, nuestra herida abierta

 

Te toco y siento el abismo en tu piel, la eternidad en tu respiración, la desesperación y el gozo fundidos en un mismo instante, te toco y sé que el dolor es amor, y que el amor es sacrificio, y que todo lo que se ama se quiebra y se vuelve más intenso por ello, la desgracia nos acompaña, pero no nos separa, ella susurra que sentir hasta el límite es lo más humano, lo más sagrado, lo más verdadero

 

Amar así es arder, caer, levantarse, arder otra vez, es un ritual que no conoce clemencia, que no pide permiso, que no espera recompensa, cada latido es un sello, cada gemido una oración, cada sombra un testigo de nuestra entrega, y aun cuando el mundo desaparezca, cuando la memoria de nosotros se disuelva, quedará este códex, este ritual invisible, este latido que respira entre amor y desgracia, entre fuego y ceniza, entre éxtasis y duelo

 

Te amo, y mientras lees, sientes, y mientras sientes, ardes, y mientras ardes, comprendes que amar hasta sangrar, hasta quebrarse, hasta perderlo todo salvo la intensidad del instante, es tocar la eternidad con las manos desnudas, y aquí estamos, fuego que quema, sombra que abraza, suspiro que persiste, amor y desgracia, inseparables, eternos, hipnóticos, hasta el último latido