Metapoesía teatral
¿No es que Romeo y Julieta
es melodrama real
o Macbeth, el infernal
se apropió de la paleta?
Y, ¿no es que Don Juan Tenorio,
mancilló tantas mujeres
y burló tantos placeres
como puede ser notorio?
¿El Caballero de Olmedo
no es otro trauma insensato,
que en su pudor y arrebato
por Inés, dijo: —¡yo puedo!?
Y para mal, ambos dramas
entreteje don Rodrigo,
el mayor del enemigo,
seguidor de mismas damas.
Y mayor final, siempre es
que por amor, la fortuna,
deje la muerte a ninguna,
ninguna cuan doña Inés?
¿No es que Hamlet, entusiasmado
por querer todo en la vida,
a su madre tan querida,
pudo un día haber matado?
Gertudris, la madre aquella
que después de que el marido
a la gloria había partido,
se dispuso a ser doncella.
Entonces, surgió el encono
de Hamlet; su estirpe dichosa:
ella, de su tío, la esposa
por soberbia y caprichosa,
queriendo ser mariposa
a su hijo da el abandono.
Y anteviendo aquel indulto
a Polonio, fue a buscar,
Hamlet, para así vengar
a su padre del insulto.
Siendo él, un tío gorrón;
padre de la bella Ofelia,
Hamlet, se enamora de ella,
ensayando una traición.
Así pues, todas las tramas
por muy dramática escena,
deja en los hombres la pena
y la inocencia en las damas.
Ahí que todo a dispensas
ajetrea al corazón;
porque fue en la creación
la mujer a como piensas.
Pero, no haciendo el conflicto,
determino un resultado:
es que el lector se ha quedado,
esperando el veredicto.
Las Ineses son bandidas,
las Ofelias pulcrizadas:
por los hombres inventadas,
mas por ellas, atrevidas.
Samuel Dixon