Daniii_Farías

LUJURIA

 

 

La lujuria no es solo carne,

esa es la mentira fácil.

La lujuria nace antes del cuerpo,

en la grieta exacta donde el pensamiento se cansa de ser correcto.

 

Es una verdad incómoda,

un animal antiguo que no entiende de normas

pero sí de pulsos,

de latidos que se aceleran cuando la mente pierde el control.

 

La lujuria no siempre quiere tocar:

a veces solo quiere mirar

hasta que los ojos se vuelven manos,

hasta que la imaginación desviste lo que el miedo aún cubre.

 

Es hambre,

pero no de comida.

Es sed,

pero no de agua.

Es el deseo de sentirse vivo

aunque sea por un segundo sin culpa.

 

La lujuria sabe mentirnos bonito,

nos promete eternidades que duran una noche,

nos convence de que el abismo

también puede ser hogar por unas horas.

 

No es amor,

pero lo imita cuando el corazón está cansado.

No es ternura,

pero la copia cuando la soledad aprieta fuerte.

 

La lujuria también duele.

Duele cuando se va

y deja al cuerpo despierto

y al alma preguntándose por qué aceptó tan poco.

 

Es verdad que quema,

pero también es verdad que enseña:

nos muestra lo que deseamos sin filtros,

lo que escondemos incluso de nosotros mismos.

 

La lujuria no pide perdón

porque no sabe arrepentirse.

Solo aparece,

enciende,

consume

y se retira como una sombra satisfecha.

 

Y aun así…

qué humana es.

Qué honesta en su brutalidad.

Qué sincera cuando arranca las máscaras

y nos deja frente al espejo del deseo.

 

Porque la lujuria,

aunque nadie lo diga en voz alta,

es una verdad desnuda

que todos hemos sentido

y pocos se atreven a admitir.