En el rincón más oscuro del bosque,
donde el silencio se deja escuchar;
cinco hadas de luz titilante y radiante,
como pequeñas estrellas danzantes,
con la luna llena comienzan a danzar.
Con sus tutús de tul dorado y radiante,
bailan al compás ese vals de luciérnagas;
mientras su luz brilla como un secreto celestial,
laten suave y brillante en sus pequeños corazónes.
Con sus tutús de tul dorado y radiante,
bailan al compás de ese vals de luciérnagas;
una sube, otra baja, otra gira en espiral,
mientras su luz brilla como un secreto celestial,
¡Pequeñas y resplandecientes luciérnagas!
No importa que el viento no las eleve,
ustedes tienen un truco muy especial:
visten alas de cristal, soñadas e inventadas,
para que el cielo sea ese su rincón de soñar.
Sus giros son versos que nadie ha leído,
secretos que el bosque siempre ha escondido;
son chispas de oro que danzan sin cesar,
bordando la noche con su ese fulgor estelar.
Delicadas y luminosas alas de luciérnagas,
brillen como faroles en la oscuridad;
para que cada niño al mirar al cielo,
descubra que la música, como un hilo invisible,
teje los sueños hasta hacerlos brillar.