Me puse la blusa
-acto cotidiano que se vuelve masoquista.
Las flores que pintan, se vuelven nuestras risas,
Y las tiras me agarran,
como tú aquel día.
Por debajo no me pongo nada, para sentirte más cerca, o tal vez porque a mi pecho perfectamente abraza y admira,
como tú aquel día.
Sus fibras, por más que lave aquella blusa, no te olvidan.
Tus manos se quedaron entrelazadas
entre los hilos, que no quieren llegar al olvido, no quieren llegar al exilio.
Tal vez en unos años se desgaste, pero hasta ahora parece nueva,
trato de no ponérmela tanto, porque cuando me la pongo, hay una espera.
La blusa vuela como una falda,
cuando me doy vueltas, vuela,
cuando me cosquillea tu recuerdo, me respalda,
Y la necedad se rebela.