Chico

Arquitecta de lo prohibido

Tu forma,

lámpara del deseo,

ardía detrás de mis párpados.

 

Luz–fiebre

en órbita de mi mente,

llave en la cerradura del insomnio.

 

Mis manos,

sin tocarte,

tocaban tu memoria erótica.

 

Piel fantasma,

territorio en penumbra.

Calor que en el frío

llama.

 

En tu espalda

la noche es balada.

En tu cuello

el mundo

deja caer su máscara.

 

Aroma de cuero:

flor carnívora, sudor

en humedad cautiva.

 

Mi boca,

animal lento,

desciende por la arquitectura

de lo prohibido.

 

Y en la caída

el deseo

se vuelve

oración.

 

Caderas tensas,

cuerda de violín

en gemido.

 

Ahí,

en el filo

de lo que no debe decirse,

nuestros cuerpos

sin cuerpo

ardieron.