Existe demasiada química al rededor de un escenario de dos que se gustan con tanta intensidad: las sonrisas, las miradas, el sonrojarse y agachar la cabeza, el deseo de quedarse pegados en un abrazo. Su aroma, sus labios rojos, sus pómulos rosados...
\"No hay espacio o detalle que no haya quedado impreso en nuestra cabeza\"
Y de pronto comprendes qué no hace falta subir a la cima de la montaña más alta del mundo para sentir el vértigo en tus piernas; bastaba estar cercas de los ojos correctos para sentir el terremoto en el suelo que pisas.
Cristhian Gaona