Escribo con la intención
de desistir —Isabel de Sá
dijo—, desistir de todo lo
que no merece la pena, p
onerme de frente, en con
tra del viento que genera
lo desgraciante, los efluvio
s que suben de los infiernos,
los malolientes vientos de lo
pútrido y arrostrarlos con el
cutis leñoso de la cara, con
los ojos bien abiertos, que
notaríen con pelos y señales
cada uno de los matices de lo
feo que le llega, que pasen a las
autoridades crónica de lo mal
que está la política, la Historia,
las matemáticas, las ciencias
naturales y todo el resto de as
ignaturas que estudié de niño.
Escribo para discrepar de las v
oces preponderantes, de todas
las proclamas que cual flautis
ta de Hamelín procuran llevar
a un atajo de infelices a la grav
itación universal de un precipi
cio y terminen allí sus días, sin
pena ni gloria, sin haber ejercido
todo el poder que enmascaraban
dentro, sin haber terminado el tra
bajo, la misión, para la que fueron
traídos al mundo —y eso es triste—.
Escribo con palabras para dardear
en el ojo la pronuncia del que enga
ña, del bergante, del chisgarabís, del
tuercebotas, y de toda la cohorte de f
riquis que viven a costa de la inocenc
ia del prójimo, de los cuartos del prego
nero y de los de la madre que le parió.
Escribo por escribir realmente.
I know.