La despedimos
desde el tiempo
del silencio y el olvido.
Salimos de una piedra de molino
con el alma de granito.
Nos embutimos en un coche blanco hueso
con el maletero lleno de llantos y penas.
Desembarcamos como la noche
en la falda oscura de un hospital.
Llegamos como soldados rasos sin nadie al mando,
hondeando el fondo del Mar de la Pena Negra
con anclas oxidadas,
ondeando al aire nuestras banderas
y los crespones negros
de borracho en barra.
La dijimos adiós
sin una flor
en los bolsillos.
Vacíos de sol
todos nos fuimos
con ninguna flor.