El segundo cae como una notificación sin sonido.
No avisa.
Ocurre.
El ahora se escribe solo, sin borrador, sin margen para volver atrás.
La vida carga lento mientras el corazón actualiza a su manera.
Pienso algo y ya es pasado.
Digo tu nombre y el aire lo guarda un instante antes de soltarlo.
Todo sucede aquí, con esta luz, con este pulso imperfecto, con lo que soy mientras lo digo.
No hay ensayo.
No hay pausa.
Este verso está ocurriendo mientras lo lees.
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Rafael Blanco López
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