¿Será que el precio de mis errores
es esta vida de hombre solitario?
¿Qué culpa tengo yo de tantas cosas vividas,
si no todas fueron mi decisión,
y aun así la vida me empuja,
como si nada doliera?
¿Por qué el buen hombre
y la buena mujer
a menudo transitan caminos tan solos?
¿Venimos a aprender que las palabras
y las acciones
a veces no alcanzan?
Me pregunto si estamos destinados a la grandeza,
o si solo caminamos desde la ignorancia,
sin empatía hacia los demás
ni hacia nosotros mismos.
Últimamente,
las preguntas me persiguen.
¿Todo lo que viví
es el precio que pago hoy?
Hay dolores peores, lo sé.
Pero este… este a mí me pesa.
Me quema.
Me desgasta el alma
saber que nunca fui la opción por la que alguien
lo dejaría todo.
¿Por qué siempre soy yo
quien se entrega sin medida?
Mi amor es noble.
Mi amor es puro.
Perdí a una mujer maravillosa.
Un error entre tantos.
¿Dios realmente quiere verme así?
¿Tan perdido?
Tal vez Él quiere que confíe en el proceso,
aunque nadie entienda nada.
La extrañé toda la semana.
Extraño su voz diciendo tonterías,
su olor, su presencia,
esa sensación de tenerla cerca
incluso cuando ya no está.
A veces hasta creo escucharla,
o sentir su mano sobre mí.
Necesito dejar de idealizarla.
Fue una mujer increíble, sí,
pero no merezco condenarme por ello.
Esta culpa,
aunque duele,
me recuerda que mi sanación
todavía está en camino.
Yo hubiera dado mi corazón,
mis pulmones, mi vida,
con tal de verla feliz.
Pero la única solución
fue renunciarme a mí mismo.
Pensé que por fin alguien
se iba a quedar.
Que esta vez valdría la pena arriesgarse.
Tengo miedo al abandono,
quizás porque mis padres alguna vez lo hicieron.
Pero ya no tengo 12,
ni 15 años,
para hacerme la víctima.
Estoy cansado.
Quiero cambiar.
A veces solo quiero un abrazo,
y que ella esté ahí.
Nunca lloré delante suyo
porque sabía que eso la rompía.
Todo lo hice con amor.
Me duele.
Me duele el corazón,
el alma,
el espíritu.
Ojalá supiera qué hacer
con tanto amor que guardo.
Ojalá un día alguien me mire
como yo la miré a ella.
Porque cuando lo tuve,
no lo pude ver.
Estaba intentando reparar
lo que para ella ya no existía.
No fallé solo yo.
Los dos fallamos.
Pero yo exploté…
de tanto intentar que nada alcanzara.
Quizás,
y solo quizás,
un día nos amen
desde el amor que merecemos,
y no desde el que creemos merecer.