Elias Castellano

TENÍA QUE SER

 

¡Oh señor!

 

Yo tenía ya todo preparado.

Con el pan en la mesa, y el vino

que esparcía macabros celajes

desde un cuenco pulido de olivo.

¡Y no falto ningún comensal!

 

Y si alguno no hubiese venido,

la historia tendría otro final.

Pero así era lo que estaba escrito.