Elizabeth Maldonado Manzanero

Rocío

Era el rocío de la mañana

de una flor que fatídicamente

nunca llegó a abrir,

el cuervo preciso del destino

y las aves de rapiña que no saben

de la belleza del vivir

destiñeron sus pétalos

destrozaron su fortuna. 

 

El viento quedo impregnado

de una luz tenue por latir

la noche quiso extinguirla

pero no se acaba en el su aroma

que se repite en otras flores

que también cortan o destrozan

los pájaros de hierro, las tijeras

de jardineros ciegos que arrancan

los tenues brotes antes de que el sol

del medio día pueda su espíritu recoger.

 

Más la noche no sabe guardar secretos

en el silencio sus tallos y hojas

agitando el viento

quiebran la esperanza

o la hacen resurgir en la bondad

de cada nuevo abril.