JUSTO ALDÚ

DÍADA

Somos dos

aunque el mundo insista en contarnos

como una sola sombra.

 

Yo:

la voz que avanza,

la que nombra,

la que cree.

 

Tú:

el eco que duda,

la grieta,

la pregunta que no obedece.

 

Entre ambos

no hay guerra

sino tensión:

un hilo eléctrico

que sostiene la forma.

 

Si uno cae,

el otro recuerda.

 

Si uno miente,

el otro arde.

 

Así se escribe el equilibrio:

no en la unidad perfecta,

sino en el pulso

de dos fuerzas

que se miran sin tocarse

y, aun así,

existen.

 

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