Somos dos
aunque el mundo insista en contarnos
como una sola sombra.
Yo:
la voz que avanza,
la que nombra,
la que cree.
Tú:
el eco que duda,
la grieta,
la pregunta que no obedece.
Entre ambos
no hay guerra
sino tensión:
un hilo eléctrico
que sostiene la forma.
Si uno cae,
el otro recuerda.
Si uno miente,
el otro arde.
Así se escribe el equilibrio:
no en la unidad perfecta,
sino en el pulso
de dos fuerzas
que se miran sin tocarse
y, aun así,
existen.
JUSTO ALDÚ © Derechos reservados 2026