Azotaban los vientos, las esbeltas palmeras,
con el céfiro suave que sus ramas doblaban,
y esparcían sus hojas, por las verdes praderas.
Tus miradas traviesas, en mi faz se posaban,
con sonrisas inquietas, insinuantes, melosas;
que deseos dormidos, de mi vientre brotaban.
Tus palabras tan tiernas, tan gentil y afectuosas,
encendían mi pecho con hechizos de amor,
y mis ansias surgían al compás de las rosas,
que adornaban la estepa con su regio esplendor.
Y tus besos ardientes, que me hacían vibrar,
me cubrieron la vida, de pasión y fulgor.
En el fondo de mi alma, te pudiste posar,
con tu voz melodiosa, de magnífico acento,
que prendía la llama que incitaba a pecar,
y prendida en tu cuerpo, se perdía mi aliento
con tus suaves caricias, que de fuego llenaron
el altar de mi anhelo, con sublime contento.
¡Y venciste mis dudas, y mis miedos marcharon,
por la gracia infinita de tu inmensa ternura;
y mis sueños de nuevo, con la fe despertaron,
de vivir a tu lado la mas bella locura.
Autor: Martha Irene Sánchez
Managua, Nicaragua