El eco de la noche
Noches preñadas de argénteos demonios
serpentean en lo recóndito de mis cavilaciones,
buscando la esencia
de existenciales respuestas
a preguntas por formular.
Camino sin rumbo,
por parajes desiertos
de basaltos endrinos,
arquitectura del olvido;
fauces abiertas del paisaje
que amenazan con engullir
los rayos tenues
de una luna en menguante
que gotea sombra.
A la distancia,
el murmullo
de un riachuelo escondido
descompone el silencio,
da compás a la escena,
mientras una leve brisa boreal
arrastra experiencias oníricas
hacia el Abismo de los Olvidos,
donde el tiempo se deshace.
Me quedo en blanco.
La noche escribe su eco
en mi propia respiración,
y yo me dejo leer.