Me quedo pensando un rato si es posible
estar triste y feliz a la vez.
La respuesta me arde en el cuerpo.
Como cuando sonrío sin motivo,
y al mismo tiempo, algo me pesa en el pecho
La tristeza muerde, la felicidad sangra.
Las dos conviven como animales dentro de mí.
Y yo no elijo.
Respiro.
Aguanto.
Sigo.
Como quien camina con un nudo en la garganta y una especie de brillo en los ojos.
Me río y duele.
Me duele y no quiero soltarlo.
Sé perfectamente que lo que más me llena
es lo mismo que me deja vulnerable.