La desdicha de la sensibilidad,
La tragedia de queres conocer la verdad
Mirar la vida con los ojos de un poeta
Enfrentado con el abismo de su propia existencia
Alejandra y yo hemos tenido demasiados tertulias,
Sobre la soledad incrustada en la naturaleza humana
Sobre la amistad callado con la sombra del tiempo
Sobre esta vida llena de miedos, de sueños lúgubres y huecas penurias
Sylvia y yo comenzamos una amistad autodestructiva
charlamos alredor de un plato de higos apunto de necrosarse
Sobre silencios , nuestro silencios que sabíamos que debian marcharse
Llenábamos la sala de una bruma que colmaba la psqui de bilis negra
Pero Alejandra y Sylvia me hablan desde sus hojas
Las mismas que escribieron con letras rojas, sangre
Donde desnudaban sus almas rotas, supurando aquello que arde