Diente de sol, espero que no te moleste:
La cobija de la luna abrazó tus ojos,
las llenó de flores de arena
y las pintó hasta dejar tatuado sus labios.
El canto de los canarios giran todos los días
para ver de nuevo tus ojeras.
El alba derramó su maquillaje sobre las nubes,
tomó trozos de ellas
y las plantó sobre tus mejillas.
Sacudió sus collares hechos de los dientes del sol
para dejarlas caer con la lluvia y se unan a tus besos.
Cada sauce galopa sobre mi cabeza de mármol
y cada uno entra hecho un relámpago.
La vorágine del cuerpo de las aves me mezcló
con el roce otoñal de tu piel,
me abrió los ojos con sus pinzas de oro
para alimentar mis pupilas con tu aliento.
Pero el vuelo del águila dejó de trazar tu mirada,
la humedeció con copos de fuego,
hasta dejar la arena disuelta.
La luna tomó de tu brazo
y te subió sobre su caballo de aire
para incrustar sobre mis ojos un cauce de hojas azules.
Rodrigo Martínez
4 de enero 2026