En ocasiones el aire lleva
cierta ceniza
de difuntos
como pergaminos del tiempo
se bifurcan
las miradas
uno ya no sabe
para donde caminar.
En el caos de las masas
hay siempre una zozobra
por la penumbra
donde la muerte escarba
el asfalto lleva nombres
que se esfuman
entre la marea.
Todo en apariencia
es quietud
hasta que lanzamos
el primer grito
y somos lápida
en segundos del tiempo
en donde el poder
es una falacia
de la carne
un minuto puede ser eterno
y la eternidad
un anhelo que se guarda
en los sueños.
Ahí, donde todo germina
hasta el aliento
vaga en su interior
nauseabundo por la orfandad
de la indiferencia.