Elizabeth Maldonado Manzanero

Mi luna

Diminuto universo existe en tu mirada,

aurora de mi noche oscura,

paseas por la cintura del mundo

de mi vida y de mi amor.

 

Firme y viril,

como bendecido por los dioses,

y apenas tus ojos me rozan,

mi sonrisa se extiende como cascada,

y un latido surge como relámpago

que convulsiona mi interior.

 

Amor mío, mis ojos se cierran

ante tu resplandor inundado de estrellas.

No puedo sino envolverte en mi aliento,

que desearía convertir en fuego y besos,

pero todo son ilusiones de tocar tu ser.

 

Son mis caminos la piel que te profeso;

mis ojos caen muertos, ciegos de anhelos.

Sueño, sueño y, cruelmente, despierto

para adorarte solamente, muy, muy cerca,

postrada ante ti, de amor.

 

Tu figura próxima es un espejismo;

mis deseos vuelan bajos sobre tu cuerpo.

Soy humana, y el amor que ofrendo

solo puede estar en tu mirada.

 

Desearía escalar hasta alcanzarte

y sumergirme en los mares de tu piel,

acariciando el fuego que te envuelve

y me consume la densa piel.